No existe en el mundo otra competición de una sola disciplina de la envergadura de la Copa Mundial de la FIFA™. Tras superar la fase clasificatoria a nivel de confederaciones y las eliminatorias intercontinentales, un conjunto de selecciones de las 211 federaciones miembro de la FIFA compiten entre sí ante los ojos del mundo.
La fase final del torneo se celebra en uno o más países anfitriones, elegidos por votación en el Congreso de la FIFA tras un minucioso proceso de presentación de candidaturas y evaluación.
La Copa Mundial de la FIFA™, que se disputa cada cuatro años, constituye un punto de encuentro para aficionados al fútbol de todas las edades y orígenes, que se unen para apoyar a las diferentes selecciones nacionales.
Una final vista por 1500 millones de espectadores
La difusión que consigue el torneo nos da una idea de su magnitud, y es que cada una de las cinco últimas ediciones contó con más de tres millones de asistentes. Además, alrededor de 5000 millones de personas interactuaron con la Copa Mundial de 2022 a través del contenido del torneo en las distintas plataformas y dispositivos digitales, y cerca de 1500 millones de espectadores siguieron la final por televisión.
No sería posible organizar ningún torneo sin el arduo trabajo desempeñado más allá de los focos. Para la Copa Mundial de la FIFA 2022 se contó con 20 000 voluntarios de 150 nacionalidades, con 180 000 miembros del personal acreditados, miembros de las delegaciones y contratistas, y con 10 000 trabajadores de medios de comunicación, que dieron testimonio ante todo el mundo con sus crónicas e imágenes de que se estaba haciendo historia.
La organización de una Copa Mundial de la FIFA representa un hito histórico y un logro simbólico para países anfitriones y sedes; beneficia significativamente y a nivel local a la población, al desarrollo de infraestructuras y a la prestación de servicios y deja un legado perdurable a las generaciones futuras.
Repercusiones de la Copa Mundial de la FIFA
Las actividades de preparación del torneo, así como las que tienen lugar durante y después de este, pueden impactar de muchas maneras en la economía, el entorno natural y las personas y poblaciones, tanto del país anfitrión como de todo el mundo.
Aunque estas repercusiones son en su mayoría positivas, también pueden darse efectos perjudiciales. Como ocurre con muchos otros acontecimientos deportivos multitudinarios, la Copa Mundial origina tensiones y dificultades relacionadas con la sobrecarga de las infraestructuras, el carácter limitado de los recursos naturales y la emisión de gases de efecto invernadero. También puede afectar a la salud, la seguridad y el bienestar de las personas involucradas directa o indirectamente en el torneo.
La FIFA reconoce estos riesgos y, en consonancia con los compromisos consagrados en la Política de Derechos Humanos de la FIFA y la Estrategia Climática de la FIFA, ha desarrollado e implementado estrategias de sostenibilidad para su torneo más emblemático desde la edición de 2014 de la Copa Mundial de la FIFA en Brasil.
Así, en el plano medioambiental, se han medido y reducido las emisiones de gases de efecto invernadero; se ha reducido sustancialmente el volumen de residuos y se han reciclado toneladas de material, evitando que acabaran en vertederos. Además, la construcción y el funcionamiento de los estadios cuenta con certificación en estándares de edificación sustentable.
En cuanto a derechos humanos, se han incorporado mecanismos de protección de los derechos laborales, el campeonato es accesible para un gran número de personas con discapacidad y movilidad reducida, y las medidas contra la discriminación han surtido un efecto inmediato sobre lo que sucede dentro y fuera del terreno de juego.
Además, la Copa Mundial de la FIFA puede servir de impulso a los planes de desarrollo medioambiental, social y económico de las partes interesadas (y en especial de los anfitriones) que ya estuvieran en curso, así como para que surjan nuevas iniciativas con efectos positivos que atenúen las repercusiones negativas de la organización.

